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12 marzo, 2026Belchite antes de la Guerra Civil: presagios, fractura social y represión (1936)
La Guerra Civil en Belchite no se reduce a una batalla. Días antes del 18 de julio de 1936, un fenómeno natural extraordinario inquietó a los vecinos de la zona: una intensa lluvia de estrellas, con un extraño tono rojizo, iluminó el cielo en dirección este. En una comarca ya tensionada por el clima político, no tardaron en escucharse comentarios: “Es la señal de una guerra”, “la sangre que va a ser derramada”, “fuego en el cielo, calamidades en la tierra”. Muchos lo recordaron años después como un claro presagio del desastre que se avecinaba.

Por entonces, Belchite era un pueblo profundamente dividido políticamente. Con cerca de 4.000 habitantes, la polarización entre republicanos y conservadores se sentía en cada aspecto de la vida cotidiana: dos bandas de música (una de derechas, otra de izquierdas), dos bailes, el cine Goya de izquierdas, y bares, de derechas. Aún lo recuerdan los mayores de Codo.
El 14 de abril de 1936: romería y tensión
Ese año, el aniversario de la Segunda República coincidió con la tradicional romería del Pueyo. Mientras muchos vecinos estaban en el santuario, otros recorrieron las calles con instrumentos para celebrar la República. Lo que comenzó como una jornada festiva terminó en tensión: tras varios vasos de vino, se apedrearon imágenes religiosas. Algunos quisieron ir incluso más lejos.
Cuando el autobús con romeros regresó al pueblo, algunos exaltados intentaron volcarlo. El episodio no fue olvidado: alguien tomó nota de los que participaron en la celebración. Apenas semanas después, tras el golpe militar de julio, muchos de ellos fueron ejecutados. Fueron los primeros fusilados en Belchite a finales de ese mes.
El 18 de julio de 1936: represión y tragedia
Con el inicio del golpe de Estado, Belchite cayó bajo control de las fuerzas sublevadas. La Guardia Civil local y miembros de Falange tomaron rápidamente el poder, cambiaron al alcalde republicano por Ramón Alfonso Trallero y comenzó una feroz represión contra los simpatizantes del Frente Popular:
– El alcalde republicano, Mariano Castillo Carrasco, fue detenido y “se suicidó” antes de ser ejecutado según indica en una carta (aunque se tiene dudas de si realmente fue un suicidio). Su familia también fue asesinada.
– Se calcula que más de 300 personas fueron ejecutadas en Belchite y sus alrededores en los primeros meses de la guerra.
– Las víctimas eran sobre todo campesinos, maestros, concejales, sindicalistas y funcionarios municipales.
Este episodio marcó profundamente la memoria colectiva local, y en parte explica la dureza con la que, un año después, los republicanos pidieran venganza.
Primera batalla de Belchite (agosto-septiembre de 1937)
Desde los primeros compases de la Guerra Civil, Aragón quedó partida en dos por un frente que se extendía a lo largo de unos 600 kilómetros, de norte a sur. La zona oriental quedó bajo control republicano, mientras que la parte occidental fue dominada por las fuerzas sublevadas. A pesar de este reparto del territorio, las tres capitales provinciales —Huesca, Zaragoza y Teruel— permanecieron en manos del bando franquista, dejando al ejército republicano sin ninguna gran ciudad bajo su control en toda la región.
En verano de 1937, la República lanzó una ofensiva en el frente de Aragón con el objetivo de desviar tropas franquistas del norte y tomar Zaragoza. Belchite, aunque no era el objetivo principal, se convirtió en clave por su valor defensivo y simbólico.
La batalla se libró entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre. Fue una de las más duras de la guerra, con combates casa por casa y una destrucción parcial del pueblo.
Fuerzas enfrentadas:
Ejército Republicano
Mandado por Enrique Líster, Valentín González “El Campesino” y brigadas internacionales (11.ª y 35.ª).
En este contexto, Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, figura emblemática del Partido Comunista y símbolo de la resistencia antifascista, visitó el frente durante el avance republicano en agosto de 1937, acompañando a las tropas y dando discursos de ánimo a los combatientes.
Unos 10.000 soldados, con apoyo de tanques T-26 y aviación soviética.
Ejército Franquista
Unos 3.000 defensores entre los que se encontraban el Regimiento de Toledo nº 35, milicianos falangistas, requetés carlistas y vecinos armados. La defensa fue liderada por el alcalde Alfonso Trallero (que murió en la batalla manipulando un mortero) y, según algunas fuentes, el coronel José San Martín y Santa Pau, quien murió al intentar romper el cerco casi enfrente del arco de San Roque.
Codo y los requetés del Tercio de Montserrat
Antes del asalto a Belchite, las tropas republicanas tomaron Quinto y Codo, situado a tan solo 5 km. Allí se libró una resistencia feroz: unos 182 requetés catalanes del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat, junto con 40 falangistas, defendieron el pueblo en condiciones extremas, sin apenas agua, alimentos ni apoyo logístico.
Muchos murieron en el intento. Solo 45 combatientes sobrevivieron, lo que consolidó el mito de la resistencia nacionalista en esta zona de Aragón.
Aún hoy es posible ver las huellas de aquella lucha en el monte del Calvario, donde se conservan trincheras y restos de posiciones defensivas, uno de los últimos reductos antes de la caída del pueblo.
La población civil de Codo también sufrió duramente: muchas personas perdieron la vida durante los combates, y el resto fue evacuado forzosamente a la retaguardia republicana, en localidades como Fabara o Mequinenza, obligadas a abandonar sus hogares bajo las órdenes del mando republicano.

Belchite, 1937: lucha sin cuartel
Tras avanzar desde Quinto y Codo, los republicanos cercaron Belchite. Se combatió ferozmente calle por calle, con uso constante de artillería, bombardeos, lanzallamas y minas.
– La iglesia de San Martín, las escuelas, el ayuntamiento y el seminario se convirtieron en fortalezas.
– La población civil quedó atrapada entre dos fuegos, refugiándose en las casas, bodegas y cuevas. Muchos murieron sepultados.
– A los sitiados se les cortó el agua, y la falta de comida y suministros médicos empezó a hacer mella.
– Los tanques abrían paso por las estrechas calles del casco medieval.
El balance fue trágico: entre 5.000 y 6.000 muertos, entre civiles y militares. Más de 2.000 prisioneros franquistas fueron capturados.
Aunque fue una victoria táctica para la República, Zaragoza no cayó. Sin embargo, Belchite se convirtió en un símbolo propagandístico para ambos bandos.
Indalecio Prieto, ministro de Defensa de la República hizo llegar un telegrama a la cúpula del Ejercito Popular Republicano que resume bien la batalla: «Tantas fuerzas para tomar cuatro o cinco pueblos no satisfacen al Ministerio de Defensa ni a nadie»

Segunda batalla de Belchite (marzo de 1938)
Sólo seis meses después, en marzo de 1938, el ejército sublevado apoyado por la aviación alemana e italiana, lanzó una gran ofensiva hacia el Mediterráneo. En su avance, recuperaron Belchite.
De nuevo, más muertos y una destrucción mayor. Aunque Belchite ya no tenía valor estratégico, se había convertido en un símbolo del sacrificio y del dolor para ambos bandos.

Franco, la propaganda y las ruinas como “lección”
Tras la guerra, Francisco Franco prometió reconstruir Belchite como símbolo de la victoria. Pero cambió de idea: decidió conservar sus ruinas como testimonio propagandístico de la “barbarie roja”.
– El nuevo Belchite se construyó a escasos metros entre 1940 y 1954, en parte por presos republicanos bajo trabajos forzados.
– El viejo pueblo fue abandonado poco a poco, aunque algunas familias vivieron allí hasta los años 60.
– El olvido institucional, los robos, la venta de materiales por parte de los propios propietarios (en época de penurias) y el propio paso del tiempo, terminaron por hacer más daño que la propia guerra.

Un legado aún abierto
Hoy, Belchite es visitado por miles de personas: turistas, documentalistas, curiosos… Pero para los que somos de aquí, no es un decorado.
No es sólo la historia de dos batallas, sino la de un pueblo roto y una comarca, utilizada como símbolo por unos y otros, y obligada a convivir con los escombros de su tragedia.
¿Te ha interesado esta historia? Nuestras casas rurales: Casa Tere y Casa el Altero, se encuentran a pocos minutos de Belchite, en un entorno donde la memoria y la historia se viven a flor de piel.
Visítanos y descubre un territorio lleno de paisajes, pero también de recuerdos que merecen ser escuchados.







